Desilusión. No sé bien qué espero del mundo y de los demás. Quizás no espere nada. Y aún así es ésa la palabra con la que me desperté hace un rato debajo de la lengua.
Son horribles esos momentos en que me levanto y recorro el piso, despeinada, y no hay absolutamente nadie y en mi estómago todavía navega lava, y enciendo la tele para sentirme menos sola y me miro en todos los espejos, pero no cambia la visión. Siempre acabo aquí, delante de la pantalla, y juego a no ser yo ni estar viviendo este momento. Y funciona. Pero cuando apago la vida sigue, y me lavo la cara con agua fría deseando que mis resacas fueran íntegramente dolorosas y haber de soportar que me estallara la cabeza. Porque entonces no pensaría.. Y nunca es así.
Ayer fue un día extraño. Por la mañana se puso de manifiesto mi capacidad adquirida en Tunisia para regatear. Carlos nos trajo a Barcelona, y me dispuse a atacar els Encants con mis tristes 9 euros. Dos camisetas, de los Beatles y los Stones, dos libros de Eric Clapton, un libro en francés tú-sabes-francés?-por-supuesto-que-no, tres pares de calcetines a rayas, dos mecheros que me componen y me dibujan, un espejo de bar con una propaganda llamativísima de cerveza, un doble CD de metal. 9 euros bien invertidos.
A las 4 reuní detector de metales, palas, linternas, cámara, trípode, bloque, mochila, y él, desde sus increíbles y vertiginosos 89 años, amenizó el viaje con más historias de guerra. Te aburro..?, y mi lucha interior no sabía si desearlo como abuelo o como marido. Por fortuna tengo principios. Y se llaman Keith. Cuál fue mi sorpresa al llegar a la vieja Iglesia y comprobar que había 9 o 10 personas ya. Supongo que lo asumimos desde el momento en que convocamos la reunión, así que me pinté una media sonrisa, y aquel olor indeterminado entre toallas mojadas y tiza azulblanca me invadió los tabiques de nuevo; volví a sentir todo aquel cúmulo de circunstancias y polvo gris a flor de piel. Expliqué a cada uno lo que quería oír, mientras interiormente pensaba que era mucho más lindo el silencio en cada vuelta del techo. Subimos con Pets al campanario, nos dedicamos a observar de cerca un murciélago que jamás aprendía que volveríamos. Qué interés le ves en una Iglesia si nunca has creído en nada, y no quise explicarle el nudo en la garganta, así que lo arrastré hasta el piso contiguo, abandonado. Nos entretuvimos leyendo correspondencia del 50, dimos con algunas fotos a las que aquella sonrisas en blanco y negro regalaban vida, vida, vida. Y en aquella habitación la ropa se amontonaba, él reía y recorríamos las estancias con una curiosidad entre morbosa y cauta, yo encontré, entre todo, un corsé negro precioso del que me adueñé enseguida, y él decía que aquello era fantástico, fantástico, y yo ya me moría por volver. Me hice con, además del corsé, unas gafas increíblemente 60ies, , que quedarían preciosas con un vestido rojo y un sombrero de ala ancha con lazo, aunque a mí me quedaran enormemente desglamourosas. El resto fue triste. Fuimos al cementerio, y cuando se marcharon volvimos al trabajo de investigación. Mi padre saltaba en aquel momento desde el tejado del campanario, hacia dentro, y aterrizaba ensangrentado pero satisfecho, con la cámara como fusil.
De vuelta al pueblo
Karaja y yoatracamos las estanterías del vino tinto. Fui a casa a pintarme las uñas de los pies. Poco después me aburrí de fetichismos y me planté en su comedor. Llegaron Zag [alias Dios], Zell, Uri y Quim, y ya estábamos todos aunque faltara alguien, así que el
tiempo comenzó a volar. Conversaciones de mesa en las que además del humo te llena la boca la paz,
papel de fumar, con sabor a pimienta,
esto es trabajo de la superpipa holandesa, déjenlo en sus manos, y la sensación infantil y bonita, entre una y otra pizza, de pertenecer a un todo además de ser individuo, a nuestro todo, al todo de las tardes de porros y una palabra tras otra, casi como si se dibujaran en el aire, al todo de hoy por ti y mañana por mí, y hacía tanto tiempo que no me sentía así que no sabía cómo reaccionar, porque la última vez, recordaba, la última vez había sido yo quien había decidido que jamás volvería a formar parte de algo mayor que su persona aquella noche en la que quisimos crecer muy rápido. Pero esta vez adoro a todos y cada uno de ellos, y sé que si alguna vez me sintiera fuera de lugar sería sencillamente porque son demasiado buenas personas. Estuvimos mucho rato
en la terraza, con el pretexto del motxo que corría de una a otra boca, y unas horas después, muy borracha y pedrada hablando desde mis ojos propios, saltábamos la pared amarillenta de la piscina, y tú por aquí! Pets, ExPc, mi primo lindo, y más cuerpos no identificados en remojo. No quise traer biquini, a Zell le quedaba bien, a Quim todavía mejor, pero a mí me escupió el espejo, y sin embargo en aquel momento necesitaba más que nunca sumergirme, así que me despojé de ropa y me lancé al agua, y ellos vinieron también. No sé cuánto rato pasamos allí, nadando de madrugada, pero fue increíblemente bello. Después nos sentamos en el césped a beber jugando, y rodé cuesta abajo, riendo, a lo que él rodó también, y al final éramos una masa uniforme de cuerpos oscuros que gritaban y ella y yo discutíamos sobre la depilación, y alguien decía Angie, no me negarás que hoy sí que bebiste. Y más y más tiempo hasta que de repente estábamos en un campo de fútbol y Zell me daba un masaje en los pies, corríamos en círculos, y más tarde me veo en un banco con Qw, gritándole que no dijera tonterías y abrazándolo, y él susurraba gracias, te he fallado tantas veces y siempre estás ahí, y yo me sentía insultada y le decía que lo quería muchísimo. Volvíamos a estar en la terraza de Karaja, secos ya, y
Zag alias Dios posó para nosotros como el día en que lo crucificaron.
Uri y yo lo adorábamos, y desde nuestras venas tintas
intercambiamos las gafas, y yo,
puramente secretaria poppie, me prefería
con mis otras lentes. De entonces tengo lagunas muy graves, quizás fumáramos más porque mi piedra ha perdido consistencia, y recuerdo sólo que llegó Judit a las 4 y estuve conversando con ella mientras Kara y yo apurábamos botellas, y trajo un libro en el que definían la resaca y yo no podía parar de reír, así hasta bien entrada la madrugada, reía fuerte, fuerte, fuerte. Más lagunas.. y más todavía, porque el próximo recuerdo que tengo es despertar a las 11 de la mañana tumbada en el suelo y sin zapatos, y ver a Eli durmiendo delante de mí encocadísima. Me asusté, no sabía de dónde había salido. Cuando todos se fueron recordé fragmentos dorados de una discusión fuertísima con Quim, y no sabía ni sé situarlos todavía, no sé qué pasó.. Vaya mierda de post. Odio haber bebido. Odio los días así. Odio no saber escribir cuando más lo necesito. [Bebe-Cuidándote]